Nueva York, paraíso desconocido del esquí

Con estaciones de esquí a poco más de una hora de la ciudad y pistas como las de Whiteface Mountain, donde se celebraron los Juegos Olímpicos de invierno en 1980, Nueva York cuenta con las mejores pistas de la costa este estadounidense.
Los montañas de Adirondack y Catskill, al noroeste de Manhattan, convierten al estado de la Gran Manzana en sede de 47 estaciones de esquí aptas para todos los públicos, desde esquiadores profesionales hasta novatos del deporte rey de las nieves. Además, Nueva York goza de innumerables senderos en que los amantes del esquí de fondo disfrutarán de paisajes espectaculares al tiempo que practican este deporte.
DESCENSOS PARA TODOS LOS GUSTOS.
La gran diversidad geográfica de Nueva York atrae a más de cuatro millones de esquiadores al año a sus pistas. Se ha consolidado así como el estado con más estaciones de esquí del país y el cuarto destino favorito de los amantes de los deportes de invierno.
Las montañas de Gore y la olímpica Whiteface son, para muchos, los ases de la baraja con que cuenta Nueva York, y es el mismo estado quien gestiona estas dos estaciones situadas en Adirondack junto a las pistas de Belleayre, en Catskill.
Gore Mountain es idónea para quienes ya han plantado sus esquís en la nieve en alguna ocasión, pero todavía no disponen de la experiencia del esquiador avanzado. Con motivo del 75 aniversario, esta estación de esquí ha sumado esta temporada una nueva pista a las 39 con que ya contaba, Burnt Ridge Mountain, que ofrece un descenso que se encuentra entre los diez primeros del país con un desnivel esquiable de 436 metros.
Belleayre es una montaña mediana que dispone de todo tipo de terrenos: kilómetros de recorridos fáciles, un buen número de pistas con montículos de categoría doble diamante negro para los esquiadores más atrevidos y un puñado de terrenos boscosos para practicar esta modalidad de esquí alpino. Además, la montaña que contó con la primera estación de esquí del país está dividida en dos niveles, por lo que los principiantes disponen de un espacio propio para aprender a esquiar.
El director de mercadotecnia de estas pistas, Jonathan King, aseguró en una entrevista con Efe-Reportajes que "mucha gente desconoce que el estado de Nueva York fue uno de los primeros lugares en que se empezó a practicar el descenso en Estados Unidos. En las montañas de Belleayre se esquía desde los años treinta, aunque no fue hasta 1947 cuando se instaló en estas colinas la primera pista de esquí del país".
Entre las estaciones más cercanas a la urbe de los rascacielos se encuentra Hunter Mountain. A sólo dos horas de Manhattan, en estas montañas nunca falta el ingrediente base para la práctica del esquí o el snowboard. Con más de 1.100 cañones de nieve artificial, es la estación más rápida del mundo en devolver la calidad necesaria a sus 55 pistas en días cálidos o de lluvias.
LA MONTAÑA OLÍMPICA.
Whiteface Mountain, situada junto al lago Placid, es uno de los mayores picos de las Adirondack Mountains, que acogió los Juegos Olímpicos de inverno en 1980.
Los amantes de las emociones fuertes encontrarán entre las 76 pistas de la montaña el mayor desnivel de la costa este estadounidense, de 1.045 metros. Toda una inyección de adrenalina acompañada del teleférico más rápido del mundo, que recorre prácticamente un kilómetro en menos de ocho minutos.
Además, si el tiempo acompaña, desde el punto más alto de la montaña se puede disfrutar de unas vistas espectaculares del estado de Vermont e incluso de la vecina Canadá.
Entre los 29 kilómetros de pistas de Whiteface destacan The Slides, una extensión en puro estado natural clasificada como doble diamante negro. Aunque a la estación de Whiteface se accede fácilmente por carretera, para disfrutar de The Slides habrá que llegar a pie hasta Summit Quad, el telesilla que sube a los esquiadores más atrevidos hasta el punto de partida. La caminata se verá recompensada con pendientes vertiginosas e incluso descensos sobre una cascada congelada y cubierta de nieve.
Whiteface Mountain ha abierto al público este año Lookout Mountain, destinada a los esquiadores que no se ven preparados para descender The Slides, pero que aún así buscan experiencias límite en nieve virgen.
MÁS ALLÁ DEL ESQUÍ.
Tanto si se desean alternativas al esquí como si tan sólo se quiere disfrutar de la naturaleza, la mayoría de ‘resorts' de Nueva York ofrecen una gran variedad de actividades.
La directora de Comunicación de Hunter Mountain, señala que "el snowboard es, hoy en día, casi más popular que el esquí, y el tubing -que consiste en deslizarse por la nieve sobre un flotador gigante- está creciendo entre las familias y el público joven". Cada vez más estaciones, como las de Hunter o Gore, ofrecen esta variante del trineo.
Hunter cuenta con terrenos habilitados para deslizarse con trineo o patinar sobre hielo. Y si la visita a la montaña se realiza fuera de la época invernal, montar a caballo o disfrutar del ‘spa' son algunas de las numerosas posibilidades que ofrece Hunter Mountain.
Beleayre, abierto todo el año, cuenta con un lago para bañarse, pescar, navegar o simplemente disfrutar de las playas de arena blanca. También se puede practicar el senderismo en Catskill. Un festival de música un tanto ecléctico reúne en julio a intérpretes de música clásica, country, jazz, pop u ópera. Y los fines de semana se pone en funcionamiento el telesilla para dejarse cautivar por los abundantes parajes verdes.
Aunque si lo que se busca es disfrutar de la montañas, Adirondack acoge el parque natural más extenso de Estados Unidos. Adironkack Park, más grande que Yellowstone y el Gran Cañón juntos, tiene más de tres mil lagos y 30 mil ríos, que harán las delicias de cualquier amante de la naturaleza, con o sin nieve.



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Un museo bajo tierra en NY

Reúne desde mosaicos hasta representaciones en cerámica, azulejos, bronce, acero y vidrio
                                                  
                                            
Mientras que los rascacielos de la ciudad que nunca duerme acaparan las miradas de los turistas, la mayoría no se imagina que bajo tierra Nueva York cuenta con una de las exposiciones de arte público más extensas del mundo."El sistema de metro de Nueva York tiene más de 170 proyectos que, por el precio de un billete, se pueden disfrutar de manera permanente", explicó la directora del programa Arts for Transit and Music Under New York, Lydia Bradshaw.Este peculiar museo subterráneo, que reúne desde mosaicos hasta representaciones en cerámica, azulejos, bronce, acero y vidrio, se extiende por los cinco barrios de Nueva York y representa la gran diversidad cultural que caracteriza a la ciudad.Así, las obras de artistas consolidados como el estadounidense Roy Lichtenstein y la puertorriqueña Nitza Tufiño, comparten espacio con las del ilustrador Raúl Colón, también puertorriqueño, la mexicana Andrea Arroyo y la española Paloma Muñoz, que concibe sus creaciones junto a su marido, Walter Martín.La importancia del barrio
La iniciativa de la Metropolitan Transportation Authority (MTA), empresa responsable del transporte público en NY, nació en los 80 con la renovación de la centenaria red de metro, por la que pasan más de 5 millones de personas al día. Desde entonces, MTA destina parte de sus fondos a la incorporación de arte público en sus estaciones, con la finalidad de plasmar en él un pedazo del barrio donde se encuentran y su comunidad.
"Este arte es para el público e intentamos que las obras reflejen facetas cotidianas de la comunidad", añadió Bradshaw.
En la estación de la calle 191, se exponen los dos mosaicos que Raúl Colón colocó en 2003, en los que una pareja baila al tiempo que dos niños con alas revolotean por la calle; y en el otro, él pasea a su perro.
"En el norte de Manhattan hay muchos dominicanos y de los trópicos, así decidí enfatizar la parte musical, el baile, aunque también me inspiré en artistas italianos como Piero della Francesca", dio Colón.
Los artistas son elegidos por un comité local.
El retrato de la comunidad
En el barrio de Brooklyn, María Domínguez instaló un año antes que su compatriota 16 paneles de vidrio, que representan las actividades cotidianas de la población."En comunidades de bajos recursos, la gente no va a los museos y esta iniciativa hace al arte accesible", afirmó María Domínguez.
Asimismo, la madrileña Paloma Muñoz y Walter Martín decoraron con 181 cuervos y grajos la parada de Canal Street, en 2001, para recuperar el entorno del canal que en su día ocupó esta transitada calle. Muñoz dijo que "es importante encontrar vías para la expresión de los diferentes barrios, así como crear espacios diferenciadores".
Arte convertido en obra social
Cada obra que compone este museo subterráneo cumple una función social que alberga valores como tolerancia, identidad y diversidad.La obra de Nitza Tufiño destaca por haber involucrado a la comunidad de manera activa en la creación de 37 murales de cerámica que, desde 1989, lucen al oeste de Nueva York, en la estación de la calle 86.
Tufiño y Elizabeth Murray son las dos únicas mujeres que cuentan con arte público en dos estaciones del metro neoyorquino.
El arte de la música en directo
Si algo hace especial a este museo, además de su condición subterránea, es que el viajero, convertido en visitante esporádico, puede disfrutar del arte con la música de grupos como Aguaclara o Espíritu Andino.Con la diversidad artística en las más de 460 paradas del metro de NY, bien podrían ser una visita más a considerar junto al museo Guggenheim, el Metropolitan o el Whitney.