Mosuo: donde las mujeres mandan
Por: Marcos Nelson Suárez
Por razones que aún siguen siendo nebulosas, desde los albores de la humanidad el hombre ha sido quien lleva la batuta.
Como “proveedor”, físicamente más preparado para las tareas que requieren músculos, como “procreador”, el género masculino, salvo contadas excepciones, ha sido y es el eje central de la familia.
Incluso en sociedades supuestamente avanzadas como las de occidente, donde a partir de la Segunda Guerra Mundial, se proyectó un rol más activo para la mujer dentro del campo laboral, el papel predominante de dominación queda a cargo del hombre.
Ni habalr de la mayoría de las sociedades árabes, donde la mujer aún está relegada un plano de servidumbre.
Hay, sin embargo, algunos puntos minúsculos del planeta, donde los papeles se invierten y las féminas son las que llevan el control, desde la sexualidad hasta la cabecera de familia.
Los Mosous son una minoría étnica de China, descendientes de tibetanos. Su número es minúsculo: unos 40,000 y residen en una aldea cerca del lago Lugu, en las provincias de Yunnan y Sichuan, pegados al Tibet. La religión principal que parctican es el budismo y en cada vienda puede verse una estatuilla de Buda.
Aquí los hombres juegan un papel poco relevante: la mayoría de los trabajos productivos están a cargo de las mujeres, aunque los hombres ayudan.
El hogar como tal, está concebido para que la Madre (matriarca) sea la que tome todas las decisiones y los hombres mayormente están supeditados a ellas.
De hecho las puertas de las viviendas son bajitas, lo que obliga al visitante, especialmente a los hombres a entrar bajando la cabeza.
Con una cultura agraria, corresponde a la mujer atender a las reses, cultivar y recoger papas, granos y otros alimentos agrícolas.
Los Mosuos tienen igualmente costumbres sexuales que escandalizarían a cualquier familia de Occidente.
El matrimonio no implica que el marido viva en el hogar con la esposa. Básicamente los hombres viven en el hogar donde residen sus madres y abuelas y van a la casa de la esposa para tener relaciones sexuales.
A la vez, desde que cumple los 13 años, la mujer mosuo “entra” a una vida sexual activa: se le construye un cuarto con entrada particular en la vivienda familiar. Ahi puede recibir a los hombres que quiera, de manera discreta y sin obligaciones.
Una mujer mosuo de 30 años de edad, puede haber tenido relaciones sexuales con 25 hombres diferentes.
No obstante, se ha perpetuado el mito de la promiscuidad entre los integrantes de este grupo cultural, aunque en realidad, existen muchos “matrimonios” estables donde lo que predomina es una sola pareja sexual.
Las mujeres siguen siendo el factor predominante en la sociedad y si no hay dinero para envíar a todos los hijos a estudiar, la prioridad la tienen las niñas.
Una familia donde no hayan niñas es una “desgracia” ya que la herencia y los apellidos pasan de la mujer y no del hombre.
Mientras que en el pasado lejano los hombres se dedicaban al comercio particpando en caravanas que iban a sitios remotos, en la actualidad los hombres son casi irrelevantes. Algunos se dedican a ayudar en la construcción de viviendas o en general a cumplir obligaciones laborales impuestas por las mujeres. Cuando el hombre mosuo recibe dinero por su trabajo, usualmente se lo entrega intacto a su madre, la matriarca, y si necesita dinero –para cortejar a una chica que le gusta, por ejemplo, le pedirá a su madre.
Los celos y el sufrimiento cuando un hombre “abandona” a su mujer son casi inexistentes, ya que padecer de estos sentimientos implicaría posesión y los mosuos no aceptan la idea de que el “marido” o la “mujer” les pertenecen.
Nada de esto quiere decir que no haya matrimonios estables ni mucho menos que la mujer o el hombre de la aldea sean necesariamente promiscuos. Simplemente los conceptos mayormente aceptados por la humanidad en relacion a familia, matrimonio y relaciones sexuales no encajan en la filosofía mosuoísta.
Durante los últimos 10 años esta bucólica región de China ha sido “descubierta” por los operadores de agencias de viajes y de tours y miles de occidentales viajan todos los años a conocer esta rareza cultural.
Esta es una de las pocas culturas existentes en el mundo donde domina el “matriarcado” y a pesar de esfuerzos pasados por parte del gobierno comunista chino por integrar a los mosuos en la cultura general de China, en esta aldea remota esos esfuerzos han demostrado ser vanos. Los mosuos –tanto mujeres como hombres- se resisten a cambiar su modo de vida ancestral.