La receta del éxito de Hakone incluye tres ingredientes básicos: está cerca de Tokio, tiene fácil acceso y se puede llegar a precios mucho más asequibles que el resto de destinos turísticos de Japón.
El país del Sol Naciente cuenta con una de las redes de transporte más extensas, modernas y eficientes del mundo. Sin embargo este sistema, abanderado por el célebre tren bala nipón "Shinkansen", encarece mucho el coste de los desplazamientos.
En el caso de Hakone, sin embargo, por sólo 5 mil yenes (casi 44 euros) se puede comprar un billete de ida y vuelta y utilizar durante dos días el circuito de transportes organizado en esta ciudad con vistas al Fuji-san, como se conoce en Japón al Monte Fuji (3.776 metros).
Hasta Hakone se llega en el célebre "Romance Car", un tren de diseño tan moderno y confortable como el del "Shinkansen" aunque menos rápido, que llega al centro de esa localidad en algo más de una hora.
Se trata de un destino típico para las familias y las parejas japonesas, que admiran el propio "Romance Car" como uno de los atractivos turísticos de Hakone y no dudan en hacerse fotos a su lado o comprar maquetas del ferrocarril a modo de "souvenir".
El destino de Hakone está diseñado al más puro estilo japonés: el turista puede elegir entre caminar entre las principales atracciones o moverse por el circuito turístico a bordo de los diferentes transportes y rodeado de numerosas opciones de aguas termales, "onsen" como dicen en Japón.
Desde la estación de Hakone Yumoto, los numerosos visitantes pueden subirse en la Hakone Tozan Line, una línea férrea entre las montañas de la zona que opera desde 1919 y que incluso hoy en día guarda la estética de un tren del siglo pasado.
Las pendientes son tan elevadas que los diseñadores de esta línea idearon un sistema de cambios de nivel por el cual el tren va variando de nivel a medida que asciende por la montaña, haciendo breves paradas en las principales atracciones.
La colección de diferentes medios de transporte la continúan el Hakone Tozan Cable Car y un teleférico que permite disfrutar, sobre todo en días de sol, de algunas de las mejores vistas de la zona.
Gracias a este teleférico, los visitantes pueden encaramarse a lo alto de una de las numerosas zonas volcánicas niponas, en la que el turista puede deleitarse con un bocado de los llamados "kurotamago" o huevos negros, que adquieren ese color gracias a los vapores de azufre del volcán.

OASIS DE TRANQUILIDAD.
El ascenso hasta el pozo de vapores sulfúricos del monte Owakudani merece la pena si es cierto que comer estos huevos proporciona siete años de longevidad, tal y como promete su anuncio publicitario.
El recorrido de transportes finaliza con una travesía por el lago Ashinoko, a bordo de un barco adornado al más puro estilo pirata, que permite observar desde el agua dos de los famosos "toris" rojos de Hakone, que anuncian la presencia de templos nipones.
Para muchos japoneses, Hakone es además un oasis de tranquilidad donde escapar del ajetreo de Tokio.
Por eso además de la red de transportes, que permite al turista no caminar más de cien metros seguidos si así lo desea, cuenta con una amplia oferta de museos y de balnearios naturales.
Entre los museos destaca el de Aire Libre de Hakone, un enorme recinto ajardinado en el que están colocadas numerosas esculturas de artistas japoneses y extranjeros, como el británico Henry Moore o el español Joan Miró.
El museo incluye además un pabellón dedicado a uno de los artistas más venerados por los nipones, Pablo Picasso, en el que se exhiben hasta 188 piezas de cerámica del artista malagueño.
Los "onsen" (balnearios) son otro de los grandes atractivos de la zona, que los incluye para todos los gustos: públicos, privados, tradicionales y de conceptos innovadores.
En este último grupo se encuentra el balneario "Yunessun", el único lugar de Japón en el que uno puede sumergirse en café, té verde, sake, vino tinto o incluso esencia de pimientos picantes.
En sus piscinas, en las que al contrario que en los "onsen" tradicionales es obligatorio el uso del traje de baño, el agua está mezclada con las diferentes sustancias, para que los usuarios disfruten y se beneficien de sus efectos positivos.
Este concepto de balneario es revolucionario en Japón, donde se hace de la hora del baño un momento de culto al cuerpo y los sentidos.
Además, para los amantes de la tradición, Hakone tiene también atractivos y el Hotel Fujiya, construido y perfectamente conservado desde 1878, es una de sus máximas expresiones.
Este establecimiento, que ha recibido a visitantes de la talla de Charles Chaplin o los legendarios Yoko y John Lenon, cuenta con unas vistas privilegiadas al entorno montañoso de Hakone, que lo convierten en uno de los preferidos entre los amantes de lo clásico.
En su jardín japonés, abierto a los turistas, tienen además una capilla al aire libre para celebrar ceremonias matrimoniales para poder dar el "sí quiero" desde lo alto en Japón. Agencia EFE

Hakone, oasis de calma cerca de Tokio
En ambas fotos se puede apreciar la montaña Fuji.
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Un viejo templo budista, coloridas calles comerciales y una amplia oferta gastronómica conservan el barrio de Asakusa
El templo Sensoji es el centro neurálgico de Asakusa y principal motivo de visita para muchos turistas y devotos de todas partes de Japón, que una vez allí se ven atraídos por la artesanía de muchos establecimientos y sus curiosos "souvenirs".
Aunque la apariencia actual del templo es resultado de la reconstrucción realizada tras la II Guerra Mundial gracias a las donaciones del pueblo, el edificio original data del año 628, cuando fue encontrada una estatua de oro de Kannon, la diosa budista de la misericordia.

El hallazgo se atribuyó a dos hermanos que pescaban en el río Sumida, junto al actual barrio de Asakusa, y se dice que la representación de esa diosa liberaba a los humanos del sufrimiento.

Así, el templo Sensoji fue construido en honor a la diosa budista Kannon y se cree que su estatua todavía se encuentra en el interior del edificio: todo un misterio, ya que nadie en los últimos años ha sido testigo de ello.

UN CALDERO QUE SANA LAS ENFERMEDADES.

Todavía, después de tantos siglos, los fieles acuden a Asakusa para conservar su salud, algo que buscan también los visitantes en la puerta del templo ante el gran caldero de incienso que, según el budismo, cura las enfermedades.

Muy cerca se puede encontrar también una fuente en la que los devotos se enjuagan la boca y se lavan las manos, una de las tareas requeridas para entrar al templo, momento en el que hacen sonar una enorme campana.

Pero antes de cualquier otro ritual, la primera parada en la visita a Asakusa es la famosa puerta de Kaminari-mon, de la que cuelga un gran farol rojo y ante la que se fotografían cada día miles de personas.

Entre la prominente puerta y el edificio del templo se extiende la calle peatonal Nakamise, donde se pueden encontrar todo tipo de motivos japoneses, como sombrillas y muñecas orientales o reproducciones de grabados de estilo "ukiyo-e", como "La Gran Ola" del dibujante Katsushika Hokusai (1760-1849).

También el "kimono" y la "yukata", prendas tradicionales japonesas especiales para el verano, componen muchos escaparates de Asakusa, un lugar al que muchas jóvenes parejas acuden ataviados con esos diseños aunque no lo harían para ir a otro sitio de la ciudad.

OCHO FESTIVALES A LO LARGO DEL AÑO.

Los ocho festivales que acoge este barrio a lo largo de todo el año son siempre una buena excusa para lucir el traje tradicional japonés, que muchos fieles relacionan con la visita religiosa.

La cita más concurrida es "Sumidagawa Hanabi Taikai", los fuegos artificiales del 25 de julio sobre el río Sumida, que en la última ocasión congregó a cerca de un millón de personas.

El festival de samba en agosto, el festival de los Tres Templos o Sanja Matsuri en mayo o los festivales Tori-no-ichi y Hagoita-ichi en invierno son otros atractivos en el barrio de Asakusa.

Si bien durante todo el año se mantiene vivo, este distrito es más visitado en verano, cuya llegada es anunciada por el mayor mercado de flores de alquequenje (hozuki) de Japón, que se celebra durante dos días en julio.

En esas ocasiones, las calles de Asakusa se llenan de puestos de comida y bebidas y suelen aparecer grupos de gente haciendo sonar los tambores tradicionales nipones, conocidos como "taiko".

Para matar el hambre durante el paseo, los visitantes suelen degustar pepinos fríos para refrescarse en verano, "yaki-tori" o brochetas de pollo, bolitas de pulpo conocidas como taco-yaki y también okonomiyaki, una tortilla de verduras típica de Osaka (centro de Japón), aunque también abundan las tiendas de dulces.

Además de un importante centro de peregrinación para los fieles budistas, Asakusa concentra una rica actividad cultural heredada durante siglos.

Durante el período Edo o Tokugawa (1603-1868), durante el que Japón permaneció aislado del resto del mundo, Asakusa se convirtió en el principal centro de entrenamiento de Kabuki, teatro tradicional nipón, en las inmediaciones de la actual Tokio.

Durante la época de aislamiento en Japón, Asakusa perteneció, junto con otras zonas con gran afluencia diaria hoy día como Ikebukuro, al antiguo Shitamachi, la parte este de la ciudad en la que vivían las clases más bajas de la sociedad, en contraste con la riqueza concentrada en Yamanote, al otro lado del río.

Aunque ese concepto no perdura en la actualidad, las calles de Asakusa albergan un conjunto de bares donde se reúnen vecinos y conocidos, pequeños establecimientos familiares y parques, más propios de un tranquilo pueblo que de una metrópolis como Tokio.

Las cuidadosas conductas exentas de toda improvisación y la vestimenta formal que caracterizan a la mayoría de tokiotas queda totalmente olvidada para los vecinos de Asakusa, que se saludan a gritos desde un bar a otro e incluso regatean los precios de sus compras.

Además de todos sus festejos, que despiertan gran interés en los turistas, el barrio de Asakusa es además uno de los puntos de partida para el recorrido en barco por el río que concluye en la bahía de Tokio, lugar idóneo para una instantánea del impresionante "skyline" o paisaje de rascacielos de la capital. (agencia EFE)

 


El barrio viejo de Tokio
Tokio, capital mundial de la alta cocina

Son 197 los restaurantes de la capital japonesa reconocidos por la nueva edición de la Guía Michelin

Un restaurante de sushi de siete asientos, escondido en un gris aparcamiento, fue uno de los once locales distinguidos con tres estrellas en la nueva Guía Michelin de Tokio, que mantiene las dos estrellas del Sant Pau de Carme Ruscalleda.
Son 197 los restaurantes reconocidos por la nueva edición de la prestigiosa guía francesa, que vuelve a calificar a Tokio como la capital mundial de la alta cocina, muy por delante de París, con once "tres estrellas", 42 "dos estrellas" y 144 "una estrella".
Es la primera vez que Tokio supera también a la capital gala en el número de restaurantes con el máximo reconocimiento, explicó el director de estas guías, Jean-Luc Naret, en la presentación.
La cocina de Tokio es "excepcional" por la calidad "sin rival" de sus productos, por las técnicas de cocina utilizadas y por sus tradiciones culinarias, que pasan de generación en generación, según la Michelin.
En esta tercera edición de la Guía Michelin de Tokio los números no han dejado de crecer, pues no en vano ésta es la ciudad con más restaurantes del mundo, más de 160 mil , no sólo de cocina japonesa -que suma el 67 por ciento de los locales reconocidos-, sino también de cocina china, española, francesa, de fusión y asadores.
Hace dos años eran 191 el total de estrellas de la capital nipona, en 2008 subieron a 227 y en esta ocasión se ha llegado a las 261, debido a que se han inspeccionado dos distritos de Tokio más que el año pasado.
La progresión se resume en la propia historia del restaurante Sushi Saito, una diminuta barra que esconde su exquisitez a la entrada de un parking, junto a una caseta de vigilancia, en pleno centro de Tokio; allí sólo llegan los que han oído hablar del lugar.
El maestro Saito San recibió en 2007 una estrella Michelin que sorprendió a sus clientes; en 2008 sumó dos y, en esta ocasión, ha logrado el máximo reconocimiento de las tres estrellas, que corresponde a la "cocina excepcional".
"Brindemos por los chefs de Tokio que ofrecen una cocina tan excelente y dinámica", indicó Naret.
Se unen a Saito en el máximo reconocimiento otros dos restaurantes de sushi -la solera del Sukiyabashi Jiro, que regenta un cocinero septuagenario en el elegante barrio de Ginza, y Sushi Mizutani- junto a los franceses Joël Robuchon, L'Osier y Quintaessence, y los japoneses Ishikawa, Kanda y Koju.
Y junto a Sushi Saito aparecen por primera vez en esa lista de tres estrellas los restaurantes Esaki y Yukimura, ambos de cocina japonesa.
Un año más, el cocinero francés Joël Robuchon es el que ha logrado el mayor número de estrellas, un total de siete para sus tres restaurantes de Tokio.
Por su parte, el Sant Pau de la chef catalana Carme Ruscalleda en Tokio, que acaba de cumplir cinco años, mantuvo hoy sus dos estrellas que reconocen una cocina excelente en la Guía Michelin 2010, y el Ogasawara, con una carta de cocina española contemporánea, también guarda su estrella de "muy bueno".
Carme Ruscalleda es la única cocinera del mundo con cinco estrellas Michelin -su restaurante de Sant Pol de Mar (Barcelona) tiene tres- y su restaurante tokiota está regentado por el chef francés Jerome Quilbeuf.